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Colombia, como en otros países de América Latina tendrán elecciones legislativas y presidenciales en 2022, nuevamente con candidatos alineados a los dos espectros políticos, derecha e izquierda, esta última con una marcada intención de cambio en el modelo económico en nuestro país que ha imperado hasta el momento. No se puede juzgar a priori como malo o bueno cada uno de los extremos desde el punto de vista político, pero si las decisiones que pueda tomar el gobernante de turno en cuanto a economía política.

Si bien es cierto, la situación económica del país se ha deteriorado de manera importante, no solo por los efectos de la pandemia, sino por los problemas estructurales que los últimos gobiernos no han podido corregir, en términos de equidad y progreso. Con las ideas disruptivas, revolucionarias y contra-sistema que propone la izquierda, no serán estas de lejos la solución a los problemas acumulados que traemos, originados principalmente en la escasez de recursos del país, sea cual fuere la causa; la baja productividad, la corrupción, la incapacidad del estado en el control del territorio, la redistribución del ingreso, políticas públicas equivocadas, la falta de autoridad, etc., problemas que no son fáciles de resolver para cualquier gobierno.

Gústenos o no, estamos inmersos en un sistema o modelo económico en donde predomina la movilidad del capital global, el flujo de recursos proveniente del exterior vía comercio o mercado de capitales del mundo, es de suma importancia para el país y por ende en la estabilidad de nuestra moneda. Es así como cualquier decisión que trunque ese flujo puede ser desastroso para el país, en términos de destruir la capacidad de financiamiento de una economía pobre como la nuestra.

Adicionalmente, dada nuestra debilidad económica somos altamente vulnerables a lo que suceda con las economías fuertes y sus mercados; las crisis de comercio exterior, la fortaleza o debilidad de las monedas fuertes especialmente el dólar, los precios de los commodities, los movimientos geopolíticos, y una larga lista de situaciones exógenas a nuestro país frente a las cuales no se puede hacer nada.

Un gobierno que tome medidas de economía política principalmente contra-sistema, por mencionar una, como la de terminar con la exportación de petróleo y todo lo que tenga que ver con minería, cortaría con el principal flujo de divisas para el país, despedazando la balanza comercial, provocando el debilitamiento de la moneda en proporciones incalculables, afectando los precios internos de manera desbordada, deteriorando de manera importante las finanzas públicas, espantando la inversión extranjera, es decir llevándonos a un nivel de pobreza e inequidad más profundo del que tenemos hoy.

Es el deber de cada uno de nosotros es actuar con responsabilidad, de manera racional y no visceral, sopesando los pro y los contra de las propuestas electorales, en términos de su razonabilidad y viabilidad para el futuro de nuestro país, a la hora de votar, así como es deber de quienes poseen el conocimiento sobre estos temas de economía política, trasmitirlos, a quienes tienen la venda en sus ojos del apasionamiento o por la circunstancia que sea, que les impide ver la realidad de una manera más nítida hacia el futuro.