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¿Entramos en una horrible noche?

Los mercados financieros en general aún viven en completa tempestad, en el vaivén entre riesgo y no riesgo, dependiendo de los datos principalmente inflación y PIB de las grandes economías del mundo. Recién conocemos el último dato de inflación en Estados Unidos, mejor de lo esperado, 7.7% el dato más bajo desde enero y menor a las previsiones del mercado 8%. Como era de esperar el DXY, el índice que mide la fortaleza del dólar cayó más del 1%, operando a 109 y por ende las monedas tanto duras como emergentes, apreciándose de manera importante, así como los mercados accionarios. ¿Cuánto durará la fiesta?, es la pregunta que viene, si los datos especialmente inflación muestran quiebre de tendencia, se podría decir que está amainando la tormenta. Sin embargo, no solo la inflación gringa es el determinante de la situación económica global, está el tema Europa y su afectación con respecto al conflicto de sus vecinos, la desaceleración en China, y en general las tensiones políticas y geopolíticas en distintos lugares.

Nosotros tenemos nuestra propia tormenta, en donde el capitán del barco no ha sabido o no quiere evitarla. Adicionalmente a lo que está pasando con el tipo de cambio, de lo cual se escribe todos los días, pareciera que el gobierno nacional está empeñado en ir contra corriente; es decir en contra de los mercados, minando la confianza que llevaba Colombia construyendo desde hace más de 20 años, durante los cuales se logró la entrada de capitales de portafolio e inversión directa de manera importante.

En solo un mes, la precepción de riesgo sobre Colombia en los mercados tomó ventaja frente al los riesgos LATAM, medida a partir de los CDS (Credit Default Swaps), instrumentos en el mercado de derivados que se utilizan como manera de cobertura del riesgo de las deudas pública de diversos emisores. Como se aprecia en la gráfica, el último mes nos distanciamos de nuestros vecinos. Igualmente, la tasa del Bono 10 años de Colombia a aumentado de manera significativa frente a los pares en Latinoamérica.

En otras palabras, el pragmatismo con el cual este país ha manejado las finanzas públicas parece haberse perdido a pesar de los comentarios del ministro de hacienda defendiendo lo que por otro lado, el resto de gobierno está destruyendo; la credibilidad y la confianza.

En un mundo globalizado como el de hoy, los capitales van y vienen dependiendo del riesgo, ese es el juego así no nos parezca justo, y en una economía como la nuestra pequeña y con escasez de recursos, se hace indispensable apalancar el crecimiento y desarrollo en dichos flujos, ya sea provenientes de la inversión de capital, de  la exportación de petróleo o de las inversiones de portafolio en nuestra deuda tanto pública como privada, por lo tanto es de suma importancia mantener el ambiente de la inversión en las mejores condiciones.

Los mercados no perdonan errores, lo vimos en el caso del Reino Unido en donde la primer ministro con una sola propuesta, la de disminuir los impuestos, no solo le costó una devaluación importante de la libra esterlina sino su puesto.

Las decisiones de economía política del gobierno encaminadas a solucionar los problemas estructurales de Colombia, tiene obligatoriamente que financiarse de alguna forma y si destruimos una de las fuentes, el flujo externo, ya sea inversión de capital o portafolio, y por otro lado asfixiamos el aparato productivo nacional; no se crea empleo, acabamos con el mercado de capitales sacando del juego al actor más importante, las AFP, monopolizando el ahorro público de la nación por parte del estado; es decir el ahorro pensional, además de repartir tierras a los campesinos en medio de un sistema agrícola incapaz de ser competitivo, todo ello en medio de un mundo en contracción económica, altas tasa de interés y un estado que quiere hacer todo público dejando poco espacio al sector privado, es la receta perfecta para entrar en una horrible noche que no sabemos cuándo cesará. Para no ir mas lejos veamos ejemplos con las mismas recetas como Venezuela, Argentina recientemente Chile y ahora no sabemos si Brasil.

La horrible noche desde el punto de vista macroeconómico estaría dada por inflaciones difíciles de controlar por los efectos perversos de la indexación a la cual estamos acostumbrados y la pérdida de valor de la moneda, altas tasa de interés, déficit fiscal y en cuenta corriente inmanejables, escasez de bienes y servicios en medio de un proteccionismo, estancamiento del PIB. En resumen, destrucción de riqueza y aumento en los niveles de pobreza.

Solo resta desear que estas apreciaciones apocalípticas no se concreten y que de alguna manera, en una visión optimista retomemos el rumbo y no entremos en la horrible noche.