Número de edición: 69
Editorial

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Editorial

Impulso al cooperativismo productivo 

Andrés Uribe Maldonado
Vicepresidente Jurídico y Administrativo
Banco Cooperativo Coopcentral

Hemos visto con preocupación el decrecimiento del número de entidades que incursionan en los sectores productivos de la economía. El ambiente ideal de un circuito económico cooperativo es una base amplia de empresas solidarias que participen en estos ámbitos y que se soporten y que a su vez alimenten a las instituciones que ejercen actividad financiera. 

La pirámide está invertida, tenemos una gran base conformada por entidades que ejercen actividad financiera y un segmento mucho más pequeño del grupo productivo. 

Esta situación genera varios inconvenientes de una parte, la afectación de un país que no tiene en los niveles deseados alternativas de desarrollo que en su concepción incorporen elementos tan valiosos como los previstos por el modelo cooperativo para la inclusión y promoción de los pequeños comerciantes, microempresarios, agricultores, etc. 

Las redes cooperativas conllevan esquemas eficientes de producción, distribución y mercadeo de productos a menores costos, a través de la unión de varios empresarios pequeños alrededor de la creación de una cooperativa que les permita lograr eficiencias y ventajas competitivas bajo el marco del aprovechamiento de las economías de escala. 

Un gran número de redes cooperativas que contribuyan al tejido de un país genera varios cambios positivos en la cultura de sus ciudadanos y en la percepción en términos de alcanzar oportunidades, de disminuir las brechas y de permitir un cambio de pensamiento bajo la premisa de situar a la educación y capacitación como elemento primordial para el desarrollo humano. 

De otra parte, el cliente natural de las cooperativas que ejercen actividad financiera debe ser cada una de las entidades y asociados que integran las redes cooperativas productivas, lo que les permitiría aliviar la tensión que implica competir en mercados abiertos con las instituciones financieras tradicionales y con otros actores que vienen apareciendo en el panorama, por lo menos, bajo la idea de disminuir el número de este segmento de clientes que alimentan a las entidades y que en un buen número de casos no son tan conocedores del modelo. 

Es un buen momento para retomar este objetivo, buscando la generación de políticas públicas que lo propicien, la expedición de nuevas normas y la creación de pruebas piloto que sirvan de semilla para ser replicadas. 

El actual Gobierno ve con buenos ojos el modelo cooperativo, por lo tanto, es el momento de unir fuerzas y de coadyuvar los esfuerzos que vienen llevando a cabo nuestros gremios y entes de representación para continuar el camino de un proceso que permita esquemas de desarrollo de gran parte de la población, en condiciones más equitativas en donde el eje central sea el ser humano.